*Crujiente por fuera, suave por dentro y relleno de haba, frijol o alverjón, el tayoyo se ha convertido en uno de los mayores orgullos gastronómicos de Zacapoaxtla, donde cada pieza se cocina lentamente sobre el comal.
Gloria González
Zacapoaxtla, Puebla.– El corazón de Zacapoaxtla huele y sabe. A cada mordida de este manjar prehispánico el paladar se llena de una explosión de sabores y tradición.
Esta explosión proviene de la masa del maíz azul que se combina con el olor de la hoja de aguacate, con el relleno de alverjón (chicharrón seco), haba o frijol.
Las manos de las cocineras de este municipio toman la masa ya mezclada con los ingredientes y le dan forma ovalada para después colocarlas en el comal y así se cocinen a fuego lento.
Una vez cocidas estas piezas se sirven bañadas con salsa roja, verde o de chipotle y el último toque de sabor le da el queso fresco que es esparcido por todo el Tayoyo.
El tayoyo, es un platillo típico de la gastronomía mexicana, originario de la Sierra Nororiental de Puebla, especialmente en Zacapoaxtla.
Su nombre proviene de los vocablos náhuatl “Taol” que significa maíz y “Yotl” que quiere decir Corazón de Maíz. Aunque otras definiciones la traducen como “empanada de maíz desgranado” por la palabra tlaoyo (o tlatlaolli).
Las definiciones pueden variar, pero lo cierto es que el sabor es un deleite gastronómico para quien lo consume por primera vez.
Y es en este pequeño pueblo, conocido como “La Suiza Poblana” por sus montañas verdes y valles profundos, que el Tayoyo forma parte de sus platillos típicos.
Lo puedes encontrar en cada cocina, casa y sobre todo en el mercado. Aquí las cocineras especializadas en la comida tradicional preparan no solo tayoyo, sino empanadas, chilposonte, tortilla de maíz, molotes rellenos de queso con rajas de chile poblano… y un sinfín de antojitos.
Karina tiene su pequeño puesto de comida dentro del mercado. En la barra de la cocina una torre de tayoyos esperan formados la llegada de los comensales, quienes intrigados por la receta le preguntan de qué están hechos.
El precio es absurdamente bajo para tanto placer gastronómico, “3 por 20 pesos”, dice la cocinera.
En una danza de sabores, las cocineras amasan y palmean al son de la música de los artistas urbanos que acuden a ganarse una moneda.
El humo del comal se desprende de este pequeño óvalo de masa que también refleja tradición, sustento y el corazón de cada cocinera que mantienen vivas sus tradiciones en este pueblo enclavado en la Sierra de Puebla.







